Entrenamiento de torque: ¿Realmente útil para mejorar el rendimiento del ciclista?

En el mundo del rendimiento hay costumbres que nadie sabe muy bien de dónde vienen pero que acaban convirtiéndose en auténticos dogmas. Personalmente encuadraría el entrenamiento de torque en esa categoría: poca gente sabe de dónde viene, por qué se hace y qué resultados tiene, pero la mayoría lo implementan por costumbre. Para aquel que no quiera entretenerse mucho leyendo este artículo, resumo rápidamente mi posicionamiento sobre este tipo de entrenamiento: ¿Es realmente útil? Honestamente, a día de hoy no lo sé. La evidencia teórica que tenemos sobre la materia es cuanto menos contradictoria y, al menos en mi caso particular, el conocimiento empírico adquirido hasta la fecha me impide decantarme claramente por este tipo de trabajo. Para el lector que quiera profundizar un poco más en la materia, en los siguientes párrafos voy a desarrollar con un poco más de detalle mi posicionamiento y, sobre todo, su justificación.

Se podría debatir largo y tendido sobre el origen real de las sesiones de torque. Tengo pocas dudas de que el comienzo de este tipo de sesiones está relacionado con el hecho de que, hace un par de décadas, los ciclistas profesionales tenían poco hábito de acudir a un gimnasio a entrenar la fuerza. En su lugar, se creía que un entrenamiento  específico realizado sobre la bicicleta podría resultar en una mejor transferencia de las adaptaciones. Tan sencillo como empujar más los pedales. Si bien la idea puede tener su sentido, la realidad es que por mucho torque que metamos sobre la biela nunca llegaremos a acercarnos a los niveles de activación muscular alcanzados en un gimnasio. ¿Es esto malo? No necesariamente ya que el ciclismo es un deporte de resistencia donde los niveles de fuerza utilizados son submáximos. No obstante, los niveles de activación de musculatura implicada en el pedaleo como el glúteo mayor o el vasto lateral que se consiguen en ejercicios específicos de gimnasio superan con creces la activación reportada durante las sesiones de torque. Como añadido, los ejercicios de gimnasio me parecen una alternativa mucho más segura que las sesiones de torque, en las que cualquier pequeña desviación en la pedalada puede tener consecuencias agravadas: tengo en mi mente los casos de dos corredores sub-23 con condromalacia rotuliana que mejoró tras eliminar el trabajo de torque de sus agendas. No quiero decir con esto que debamos evitar a toda costa este tipo de trabajo o que cualquiera que lo intente vaya a acabar lesionado, pero sí debemos tener en consideración estas cuestiones a la hora de valorar su implementación en nuestro entrenamiento.

Opinión personal al margen, ¿qué dice la ciencia sobre este tipo de trabajo? En 2017 Hansen y Ronnestad publicaron una excelente revisión sistemática de los estudios que se habían realizado hasta la fecha. ¿Las conclusiones? Según algunos papers hay ciertos beneficios del trabajo a bajas cadencias, según otros no los hay y acorde a unos pocos directamente es más interesante trabajar a cadencias elegidas libremente por el deportista. Desde entonces han salido otras 4 publicaciones de interés sobre la materia, que reflejan esas mismas conclusiones. ¿Qué problema nos encontramos en la ciencia? La falta de estandarización. Algunos autores entienden baja cadencia como 80rpm mientras que otros hablan de 55rpm. En algunos estudios se analiza a corredores élite mientras que en otros se estudia a sedentarios. En muchas ocasiones falta también un grupo control: Sí, entrenando a baja cadencia los sujetos han mejorado, pero no sabemos si más que un grupo que hubiera entrenado a cadencias libres. Experimentando en el campo práctico me encuentro con las misma problemática: aplico trabajo de torque con un corredor y mejora más que la temporada anterior. ¿Significa esto que el torque ha sido efectivo o ha sido la acumulación de trabajo la que ha proporcionado esos beneficios? Es muy complicado aislar claramente el rol de una única intervención cuando no disponemos de una comparación simultánea. Por otro lado, tampoco existen unas pautas claras para la implementación de trabajo de torque: ¿lo metemos en intervalos de VO2max? ¿o mejor en arrancadas? ¿serviría utilizarlo a intensidades próximas al umbral? No tenemos respuestas claras, la praxis queda completamente sujeta a experimentación, con lo que eso conlleva. La realidad es que la única uniformidad que he encontrado a lo largo de mi carrera con el uso de las sesiones de torque es el aumento del RPE reportado para un mismo TSS. Al respecto de esto, mi pregunta es clara: si tenemos serias dudas sobre los beneficios que puede aportar una sesión de torque, ¿tiene sentido que el deportista tenga que someterse a un estrés extra en su carga de trabajo? La respuesta, a valorar por cada uno.

Análisis del torque en una sesión de intervalos

Para todos aquellos que aún así se decidan por este tipo de trabajo, tengo una consideración importante: Al margen de valorar potencia y cadencia en estas sesiones, el parámetro clave para medir el torque es el Nm (Newton metro). Así, si utilizamos software analítico como WKO5 o Golden Cheetah podemos crear clusters de potencia, cadencia y Nm para verificar que aplicamos el torque deseado durante nuestros intervalos. ¿Uso yo este tipo de trabajo? Muy, muy poquito y generalmente encuadrado en intervalos de muy corta duración mayoritariamente con sprinters que lo requieran. La ciencia y mis experiencias previas me hacen dudar seriamente de la utilidad del trabajo de torque frente a lo que podemos conseguir en un gimnasio. No obstante, me mantengo prudente y con la mente abierta de cara a lo que pueda traer el futuro.

 

Sebastian Sitko

Profesor Facultad de las Ciencias del Deporte de la Universidad de Zaragoza, Máster en alto rendimiento por el Comité Olímpico Francés, Graduado en Ciencias del Deporte, Entrenador Nacional de Ciclismo, Triatlón y Atletismo y entrenador oficial del Colegio Americano de Medicina del Deporte. 

 

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