Mi opinión sobre el recorrido del Tour 2020: el epitafio para la historia de la carrera

Hace una semana se presentó (muy por encima) el recorrido del próximo Tour de Francia. He decidido dejar pasar unos días para que mi sensación de enfado fuera remitiendo y poder pasar a realizar un análisis en condiciones del parcours que han propuesto los organizadores para la edición que se disputará en Julio de 2020. Realmente soy consciente de que no debería siquiera alterarme cuando venimos recibiendo las mismas noticias todos los meses de octubre desde hace más de una década (salvo el decente recorrido de la edición del 2012). Desde el año 2007, con sus casi 120km de crono individual muy bien colocados y llegadas en cimas míticas como el Aubisque o Plateau de Beille, los recorridos propuestos por la organización del Tour distan mucho de lo que venía proponiendo la carrera a lo largo de su historia. Tal como explicaré más adelante, mi indignación no viene tanto por el interés del recorrido propuesto (más elaborado que el de años anteriores) sino por el tipo de recorrido teniendo en cuenta el contexto en el que nos encontramos. Vamos primero con un primer análisis de las generalidades:

Por primera vez en mucho tiempo, el Tour no toca el tercio norte de Francia, con lo que ello suele conllevar (ausencia de adoquín y menor riesgo de mala meteorología). Se tocan todos los macizos montañosos principales de la Francia continental (con un doble paso por los Alpes) con abundantes etapas de montaña y sin abusar de los finales en alto exigentes destacando también la casi total ausencia de jornadas de gran kilometraje (especialmente en los días de montaña) y la presencia cuasi testimonial de la contrarreloj, como bien nos viene acostumbrando Prudhomme. A todo esto se le suma una reducción importante de las jornadas predestinadas a una llegada al sprint.

Lo primero que me llama poderosamente la atención  es la “Vueltización” del recorrido. Tan sólo una jornada superior a los 200km y muchas de las etapas exigentes con una duración menor a las 5 horas. Los que me conocen adivinarán que no estoy en contra de la variedad y de las etapas de montaña explosivas situadas estratégicamente en la carrera. No obstante, también sabrán mi opinión sobre mantenerse fiel al nombre de la disciplina: ciclismo de fondo en carretera. De fondo, porque en etapas de casi 7 horas de duración se observan desfallecimientos que no se observan en las de 4, y porque este tipo de jornadas aportan un desgaste que luego se puede pagar en las más “explosivas”. El principal argumento utilizado en contra de las etapas largas es que son “aburridas”. Personalmente creo que el espectáculo final vivido depende principalmente de la actitud del corredor y, si los ciclistas se lo proponen, una etapa con suficiente dureza previa acaba produciendo unas diferencias mayores a las que se obtienen en jornadas cortas, siempre a igualdad de ganas de guerra.

Dejando al margen estas reflexiones previas, creo que hay un hecho incontestable: el Tour de Francia históricamente ha sido una carrera que ha premiado al corredor más completo: o estabas entre los mejores del mundo en todas las disciplinas o por lo menos destacabas sobremanera en un par de ellas y te defendías en las demás. Todo ello con el fin de que los mejores vueltómanos se enfrentaran en su pico de forma cada año, dando lugar a un espectáculo que ha convertido el Tour en uno de los eventos deportivos más seguidos del planeta. Lo que se está consiguiendo progresivamente desde la irrupción de Prudhomme en la dirección de la carrera es un progresivo acotamiento de las cualidades del corredor del Tour: En primer lugar las culpas las pagaron los contrarrelojistas, con ediciones tan ridículas como la del año 2015. El supuesto motivo es que hoy en día la montaña ya no produce las mismas diferencias que antaño pero una contrarreloj incluso corta puede condicionar la carrera. Al margen de estar comedidamente de acuerdo con esta afirmación, lo cierto es que es totalmente absurdo reducir los kilómetros CRI en una edición en la que los únicos con referencias sólidas para desbancar al Ineos de turno son Dumoulin y Roglic. Para mí, pocas disciplinas resumen mejor la esencia del ciclismo que la contrarreloj: ¿hay algo más demostrativo de la calidad de un ciclista que su habilidad para rodar en solitario?. El segundo tipo de corredor que se ha ido perjudicando durante la última década es el fondista, y esto es algo que podemos observar claramente los preparadores físicos: preparar a un corredor para etapas de montaña de 4 horas nada tiene que ver con hacerlo para etapas casi un tercio más largas. Finalmente, y tal como he mencionado antes, los sprinters parecen estar pagando el pato últimamente. Al parecer, ellos tienen la culpa de que las etapas llanas sean aburridas. Nada tiene que ver (ironíco obviamente) la ausencia total de guerra para confeccionar las fugas de estas jornadas, que acaban siendo compuestas por corredores de segundo orden que poco pueden pelear contra el pelotón. El “mamoneo” que estamos viviendo, con corredores bloqueando las carreteras en los primeros kilómetros de etapa, las fugas pactadas y la ausencia general de guerra han llevado a la supresión de muchas etapas para sprinters puros. ¿Cuál es la conclusión que se puede sonsacar? Hoy en día se desprecia 2-3 cualidades ciclistas año tras año en pos de un mayor espectáculo, una relación que yo no tengo nada clara.

¿Por qué este sesgo? Conozco, por la parte que me toca, de primera mano el chovinismo francés y sé que los organizadores estarían encantados de tener por fin un ganador local. Esto, en teoría, podría explicar el recorrido propuesto una vez más. Ni Alaphilippe, ni Pinot ni por supuesto Bardet (que en Francia ya se da por amortizado) tendrían nada que hacer en un recorrido con 2 cronos llanas de 50 kilómetros. No obstante, ASO es una empresa y como tal lo que verdaderamente le importa es ganar dinero. Para ello, les interesa una carrera lo más igualada y espectacular posible. Por mucha incomprensión que me puedan producir estos recorridos, pienso realmente que ASO de manera genuina considera que este tipo de diseño es el más idóneo para tal propósito. El veredicto lo veremos en julio pero a mi parecer el realmente beneficiado es de nuevo el Ineos y en particular Bernal. En lugar de tener que remontar 3 minutos a un Dumoulin o Roglic (o los dos) en montaña, se va a ver en la tesitura de jugar con corredores potencialmente inferiores a él en terreno quebrado para acabar rematándolos en la cronoescalada.

Una vez que me he podido quedar satisfecho tras echar pestes sobre los aspectos negativos que estoy observando que, muy a mi pesar, se están cronificando, toca analizar lo que la organización nos ha querido adelantar de cada una de las etapas.

La carrera comenzará en Niza, ciudad que, si se aprovecha, nunca defrauda en cuanto a sus posibilidades ciclistas. Así, los organizadores plantean una primera jornada muy acertada, con algunas dificultades que van a complicar mucho la victoria de un sprinter puro. La segunda jornada, con un diseño de nuevo acertado, se desarrolla por un recorrido de media montaña con ascensiones bastante exigentes que acaban con el clásico bucle conocido en la última etapa de la París Niza, etapa que nunca defrauda. Creo con toda franqueza que esta etapa será para la fuga, por su proximidad al comienzo de la carrera.

La tercera y quinta jornadas serán para un sprinter puro y van intercaladas con la llegada a Orcieres-Merlette, un puerto que no ofrecerá más que alguna pequeña escaramuza en la general. El encadenado Lusette-Aigoual de la sexta etapa debería ver una espectacular lucha entre la fuga, con un terreno poco apto para que se muevan los de la general. Lusette es duro, pero su parte exigente acaba a 15 pestosos kilómetros de la línea de meta. Nueva llegada para sprinters en la séptima jornada para proceder con unos descafeinados Pirineos en la octava y novena: El combo Balés y Peyresourde es exigente, sobre todo si hace calor. Aún así, me cuesta mucho ver a alguien atacando en la última ascensión ya que los equipos irán todavía muy enteros. La siguiente jornada, con Issarbe (durísimo) y Marie Blanque (también) podría ver más movimientos, pero una buena parte de la bajada del Marie Blanque es de rodar y junto con los 6km de falso llano en dirección a Laruns bien podrían servir para que alguien pierda los 30 segundos que haya ganado atacando en el durísimo muro final.

Dos nuevas jornadas para sprinters (ojo a los abanicos en la primera) y la carrera llegará a Sarran, con la única etapa para fondistas y que muy previsiblemente será disputada por la escapada. El día siguiente se ha diseñado pensando en Alaphilippe, con un uphill finish bonito en Puy Mary (lugar con gran historia ciclista). No obstante, antes, su equipo deberá controlar la carrera en un terreno nada fácil. La siguiente jornada llegará a Lyon, con algunas cotas dificultando previsiblemente la llegada al sprint puro. Así, en la etapa 15, con la llegada al monstruoso Grand Colombier debería empezar a decidirse la carrera. Desde luego que en esta jornada ningún corredor podrá achacar la falta de ataques a la ausencia de dureza: Biche y Selle de Fromentel son durísimos y el ascenso final no tiene nada que envidiar a los colosos clásicos de la carrera. Una idónea jornada de descanso puesta al día siguiente debería impulsar a todos a darlo todo, aunque veremos si esto se cumple.

Al día siguiente, un excelente trazado lleva a los corredores a Villard de Lans. El tipo de diseño propuesto tiene un gran riesgo: Si algún valiente lo prueba a 25 de meta y el grupo de favoritos se rompe, veremos una persecución excepcional. Si, por el contrario, nadie ataca, el único espectáculo lo aportará la fuga. La etapa siguiente se antoja decisiva para la general: los últimos 5 kilómetros de la Loze son durísimos, se sitúan a gran altitud y van precedidos por un coloso como la Madeleine. Se trata de una perfecta invitación para que Bernal pueda dar el golpe definitivo a la carrera. El último día alpino cierra con el siempre interesante combo Roselend, Saisies y Aravis pero considero que a estas alturas la carrera estará bastante sentenciada y la emoción sólo será proporcionada por la fuga. Tras un día de transición llegará la jornada esperada por todos desde el primer día de carrera: 30 kilómetros de terreno rompepiernas seguidos de la Planche, 6 kilómetros de esfuerzo agónico para concluir el Tour antes del paseo triunfal por los Campos Elíseos. Si esta crono fuera precedida por una llana de 50 kilómetros antes de los Pirineos este Tour se llevaría un notable alto por mi parte en cuanto a diseño. Si en su lugar tuviéramos una llana de 50-55km como único exponente de la crono en el Tour aún pondría un aprobado al recorrido general. No obstante, su situación (último día de competición), tipo (semi-cronoescalada) y distancia (de aficionados) hacen de este Tour una carrera totalmente sesgada en favor de un tipo de corredor que, curiosamente, resulta ser francés. Es una pena que el resultado final quede manchado por este detalle, cuando, tal como he dicho anteriormente, hay etapas fantásticamente diseñadas a lo largo del recorrido.

En cuanto al desarrollo de la carrera, obviamente todo lo que diga serán conjeturas. Veo a un Bernal controlando fácilmente a sus rivales en este recorrido y sentenciado la prueba antes de la crono final. Thomas, a tenor del diseño de la carrera y de lo visto este año tendrá que ponerse a su servicio si es que decide presentarse en la línea de salida. Por mucho que haya aparentado que se quedaban a las puertas este año, Pinot y Alaphilippe son corredores inferiores a Bernal en una carrera de tres semanas y el Visma de ninguna de las maneras traerá a sus dos líderes a estrellarse contra este recorrido, sobre todo en previsión de que el Giro propondrá un perfil mucho más favorable a sus intereses. A día de hoy, sugerir que Froome puede ir a la ronda francesa a hacer algo más que acabarla entra dentro del terreno de la ciencia ficción y en el horizonte no veo ningún rival serio para un Bernal que el año que viene será normalmente más fuerte y acudirá a Francia con más galones. Mis esperanzas por ver por fin una lucha en igualdad de condiciones entre Roglic, Dumoulin y el Ineos se ven pospuestas al menos un año o, viendo la tendencia, directamente nunca se cumplirán. Mientras tanto seguiré pensando que un ganador del Tour, siendo fiel a la historia, debe ser un corredor excelente escalando, bajando, rodando en solitario o moviéndose en abanicos. En definitiva, el corredor más completo del pelotón.

No quería despedir este artículo sin hacer una mención a la vergüenza ajena que me produce ver lo que propone ASO para el Tour de Francia femenino. Diseñar un triste criterium por París con los medios de los que dispone una de las empresas de organización de eventos deportivos con mayores ingresos supone, en definitiva, hacer lo de siempre: proponer algo para la galería, por el qué dirán. El ciclismo femenino les importa un bledo y creo que para ocultarlo harían mejor directamente no organizando nada. Desde aquí mando mi apoyo a todas las corredoras, entre las que se encuentran dos entrenadas mías, que esperaban competir el año que en un trazado que estuviese a la altura de las mejores ciclistas del pelotón y de la supuestamente mejor carrera del calendario de hombres.

Sebastian Sitko

Máster en alto rendimiento por el Comité Olímpico Francés, Graduado en Ciencias del Deporte, Entrenador Nacional de Ciclismo, Triatlón y Atletismo y entrenador oficial del Colegio Americano de Medicina del Deporte. 

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